Adiós

Te digo adiós,

un hasta luego no me puede consolar,

pues pierdo más de aquello que me pudiste dar

y viviría a la merced del no acabar.

Te digo adiós,

un “hasta pronto” solo me ha de recordar

que fui una nómada en tu alma de metal

que vaga errante hacia una tierra en que no estás.

Te digo adiós,

porque un “nos vemos” puede exacerbar mi mal

y así renuncio a toda posibilidad

de que mi viento y tu veleta hagan la paz,

a que mis ojos busquen a alguien que no está;

a ser aquella que se ha convertido en sal.

Te digo adiós,

un “buena suerte” quebraría mi voluntad,

como un designio del que un día aprenderás,

que en el rompecabezas de mi soledad,

yo fui la pieza que nunca logró encajar

y que te falta mucho más de la mitad.

Te digo adiós,

una palabra tan pequeña y tan crucial

que pone fin a lo que no debió empezar;

tinta deleble que logró hacerse notar.

Adiós a ti, a tus ausencias y a tu voz.

No sé si esa sea la voluntad de Dios,

pero mi vida es solo mía con tu adiós.

27/10

Casa

One thought on “Adiós

  1. Amaneció como cualquier otro día, y como cualquier otro día comencé mi mañana dándole vueltas al tocadiscos de la vida y colocando la aguja del recuerdo, la misma que marcaría con un agudo “PIN” el comienzo de mis ejercicios musicales. Aaahhh, los ejercicios musicales, ese ritmo lento pero seguro que me ha guiado por los confines hipnóticos de la senda de la ingenuidad, aún cuando el mundo me hartaba a patadas asqueado por ser testigo de la evolución de niño a gusano que resulté ser. Pero hoy no fue un día cualquiera, hoy la seguridad que brinda la cotidianidad no pudo protegerme de la verdad. Una verdad que retumbaba los tambores de mis tímpanos por mucho tiempo, buscando ser reconocida. Una verdad tan contundente que nubló mis horizontes y llenó de neblina mi puerto, evitando de una vez que escapara navegando al mundo de los ilusos, cargando esa cara de idiota que uno pone cuando se tiene la gorra del copiloto de hoy.

    “Casi-ganador,” ese era el concepto a lo “New Age” que el Tío Nobel nos vendió con más ahínco que el concepto de que, “cuando realmente deseas algo, el mundo conspira para hacerlo realidad” con el que Paolo Coelho le ha fornicado los bolsillos a 3/4 partes de una sociedad baja en autoestima. ¡Qué bonito suena ese término de casi-ganador! Después de todo a nadie le gusta ser un perdedor. Además, muchas veces la diferencia entre ganar o no es tan ínfima que realmente el concepto de perder no le hace justicia a la competencia. Este pensamiento del casi-ganador es el que nos hace sentir bien de terceras y segundas posiciones, y peor aún de méritos por participación. Casi-ganador es querer darle una beca de aprovechamiento en Harvard, al estudiante que se graduó con apenas 2.0 por el mero hecho de que llenó la solicitud. Es querer creer que nos merecemos un premio por que en el fondo todos somos “especiales.” Pero en su misma esencia el término casi-ganador revela su engaño. Analicemos: Casi-ganador, vocablo compuesto por ganador, sustantivo del verbo ganar, el que vence, triunfa, llega a donde se pretende, logra algo, el que obtiene un beneficio, y el adverbio casi, poco menos de, cerca de, con corta diferencia, por poco, en otras palabras el sale de un punto determinado pero nunca llegó a su destino. Fascínate, una palabra negativa, junto a un positiva y si la aritmética no me falla positivo y negativo… ¡¡¡DA NEGATIVO!!! Maldita seas Tío Nobel que me mentiste mirándome a los ojos cuando bien sabías que tu casi-ganador no era muy diferente a un segundo lugar y un segundo lugar no es otra cosa que ser el que ganó entre todos los perdedores.

    Pero este descubrimiento no es la verdad que decidió atormentar mis pensamientos. No es el Tío Nobel y sus mentiras el autor de esta frustración que me ha estado consumiendo. El culpable de este sentimiento soy yo. Yo que me he punzado las pupilas para no ver lo que siempre ha estado claro. Yo que me llené los oídos de vocablos de literatura de farmacia hasta llegar aceptar que ser un casi-ganador en tu vida es algo bueno. Sí, eso es lo que he sido en todo momento dentro de tu existencia, un casi-ganador. Ese tipo sin mucho talento que ha dejado el aliento en el suelo más no ha podido ganar la competencia. Ese tipo que sale a toda prisa de la línea de partida para ser sobrepasado fracciones de segundo antes de llegar a la meta. Ese individuo a quien con una sonrisa en el rostro le entregas su cinta morada, que en letras doradas lee PARTICIPACIÓN y la muestra a todos muy altanero como si tratase de algo por lo cual uno debería sentir orgullo. Pero, ¿sabes qué? Ya me cansé. Me cansé de sonreír para no llorar. Me cansé de poner cara de comprender cuando intentas venderme una de tus excusas. Me cansé de escuchar como te entregas a otros que no te han sudado tanto como yo. Me cansé de pagar la cuenta para el bufé y sólo recibir las sobras. Me cansé de ser un casi-ganador. Y con ese sentimiento parten fuera de mi todos los discos, todas las gorras y todos los trucos de tus telemuñequitos, que tendrás que vender a otro por que yo no voy más.

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