Introspección

Yo nací cuando tréboles verdes

en el prado aquel verde mostraban

y al abrirse ese verde decía:

¿cuál papel es el mío mañana?

Y creció mi memoria y mi cuerpo,

entre el polvo, la fe y la añoranza;

una infancia que se hizo pequeña,

una niña que fue solitaria.

Mas no abrí yo los surcos trazados

para luego plantar las semillas;

tuve que florecer en el fango,

mi sostén dos bastones de espinas.

En la silla del brazo cortado

escribí aquellos versos primeros,

las palabras que eran mi alegría,

comas, guiones, puntos de suspenso.

No recuerdo a los otros alumnos,

ni recuerdo lo que me dijeron;

mas recuerdo el olor de los libros,

mi obsesión por saber de los griegos.

Todo el mundo vestía uniforme,

uniforme vestí yo también,

unos rojos, azules o verdes,

y ni así me sentí que encajé.

Tanto drama rondaba el pasillo,

las hormonas eran una peste.

Prefería ver el microscopio

que a los chicos de cuerpo caliente.

En la iglesia con la cruz gigante,

la culpa se alojó entre mis piernas,

de rodillas viví por el mundo,

bajo el brazo, un libro de condenas.

Una vida de arrepentimientos,

de llorar y pedir mil perdones,

de decirle que no a tantas bocas

y al placer que hoy me trae mil reproches.

Yo nací cuando tréboles verdes

en el prado aquel verde mostraban.

Que ese verde me pinte la vida,

que sea mío hasta que no sea nada.

15-34/98-17

Leave a comment