Una nota a la esperanza

Profanidad que se vuelve exagerada,

donde no hay lugar para que entre ningún santo.

No hay visión o aparición de fe sagrada,

solo el gritar de una aventura hacia un establo.

Y mi voz que sin ungir pierde las ganas,

y mis pies que sin descanso piden rumbos,

que van entre lo aprendido y lo que falta;

condenados a ser siempre vagabundos.

Mas lo que de ti aprendí ha sido un regalo,

como un día de verano en pleno invierno,

y se desvanece luego por pecado,

y termina sumergido en un “lo siento”.

En la exactitud divina que me extraña,

en la cual dejé mis lágrimas ya rotas;

ante tanta precisión que no se empaña,

amanezco arrepentida entre las sombras.

¡Dios, tú eres tan cercano algunos días,

que hasta viendo mi silueta, así te siento,

pero a veces siento que estás tan distante,

descuitado entre las nubes, tan soberbio!

Y mis manos tristes se petrificaron

en la espera insoportable de tus ojos;

así como un carrusel circunvalando,

me introduzco en este círculo vicioso.

Observando lo distinto del paisaje,

donde mi época dorada no se encuentra;

todo aquello victoriano de romance,

es como lumbrada si el viento lo besa.

¡Oh, Jesús, que te quedaste aquí en mi alma!

Tú eres más que un crucifijo o una estampa.

Y si alguna vez recoges mis palabras,

di con ellas que no eres una farsa.

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Casa

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