Sueño mío, que has partido a inscribirte en el olvido,
que aún eres ficción, pues no te he visto hecho verdad.
La veleta de mis ojos hacia el norte va marcando
y hasta a aquello inanimado le preguntó dónde estás.
Amor mío, que no siento tus pisadas en la arena,
que por ti es que me deleito con el hambre de un anhelo.
Si has pasado, yo tal vez estaba aquí frente a mi sombra
o sentada en mi rincón enumerando mis te quieros.
Vida mía, que te hundes poco a poco en tus rodillas,
que te vas a sollozar, sufriendo de otros, el dolor.
Eres víctima, la mártir de ese bucle del destiempo
y de aquel funesto encuentro donde nunca hubo un adiós.
Alegría que te tornas diferente de repente,
que te vas despedazando y ya de ti me queda el alma.
Si clonaras hoy de ti tu cuerpo flor de primavera,
ya jamás se extinguiría tanta dicha aquí en mi falda.
Pena mía, tan pegada a las paredes de mis venas,
que te vas acrecentando y te haces fuerte sin razón.
Dejaré tu sombra infame en el mural de lo indeseable
y te haré estallar de miedo al encerrarte en tu intención.
14/97
casa