El canto homófono

Tu nombre será el latir de mis adentros

el inexplicable fuego que me creaba;

y si alguna vez te herí, cuánto lo siento,

pero mucho más me hirieron tus patrañas.

Tu boca será la caja de misterio

la que nunca descifré, boca cerrada,

como el vino que probé en mi tiempo muerto;

tu mirar, ese veneno que buscaba.

No dejaste a este río ir a tu mar,

en aquella confusión de mar adentro.

Me lanzaste hasta tu infierno de cristal

que rompí cuando pensé que no te tengo.

No te tuve y esa es mi gran desgracia,

al mirarte al otro lado de la calle,

aguardando a ver si cruzas la vereda

para que pises mis rosas cuando pases.

Yo te amé y fue en silencio el sentimiento

del pecado de un amor que daba vida,

pero soy muy poco a veces y soy mucho,

pero en ti soy un gemido hecho ceniza.

Hoy tu amor está muy lejos, demasiado,

como hipérbole en mi obra preferida

y homogéneos se nos vuelven los pasados,

la fracción de separarnos de por vida.

Tu cuerpo me arrastra y como imán me atrae

y una vez tan solo te comí la boca,

en un beso perfumado de pecado

que profana mi existencia si me tocas.

No te vuelvas arcoíris de horizonte,

no te pierdas en la estela de mis letras,

no te vuelvas como Venus con sus lunas

y aliméntame las ganas y hazte Tierra.

Ya por ti perdí el perdón de todo cielo,

ya por ti perdí la fe y mi idiosincrasia.

Me quedé sin soledad y sin silencio

porque hasta la oscuridad sigue tu marcha.

¡Dios, destruye aquella banca del recuerdo!

No quiero dormirme sobre mi añoranza

y dame la soledad, dame el silencio,

dame paz porque esta guerra está acabada.

16/99

Leave a comment