Reacción a un arrebol

Más allá de un arrebol, el Universo;

un crepúsculo de rosa, eso eres tú;

yo tu espejo, lo formal, todo tu imperio,

tú la risa que se cuelga en mi edredón.

Y mi numen es escaso ante tu nombre,

como escasa se me torna la emoción.

Eres tú la ola en que viajan los hombres,

el destello de un amor que no expiró.

Y eres tú parte de mi demosofía,

mi amuleto, un cuarzo en lluvia, un coy azul.

Yo me torno en el terrazo en que caminas,

que te besa hasta los pasos hechos tul.

Entre el polvo y la neblina, un mundo nuevo,

apareces misterioso, incomprensible.

Desmedido en tu cuidado en ese cielo

y me educas para hacerme corregible.

No eres tú la cruz vacía y tan lejana,

no eres viento que lacera mi cometa.

Ante ti no existe idea o movimiento,

no hay políticas, no hay razas, no hay más guerras.

Y me extraes de las ventiscas con tus manos

de la cruel frialdad del tiempo así ipso facto,

me llevas a tu aposento que es remanso

y miras del mundo entero lo triscado.

Eres tú claro de luna, mar abierto,

la verdad, la fe que ansía el alma al tiempo.

Tienes un terrón de azúcar granulada

y en tus manos el perdón que no merezco.

Tú no eres esoterismo, tú eres claro;

no eres mano que castiga, eres la vida.

No eres una simple historia o un relato;

eres sí como una fuente de energía.

Tu voz es esa canción de noche y cielo,

es dulzura concentrada en tu garganta,

y al hablar al suelo cae aquello amargo

como imán que atrae del mundo la nostalgia.

Tú no vas detrás de mí por la vereda,

andas justo al lado mío mudo y tierno.

Si hay peldaños que subir, me das la mano

y volamos como hojas en el viento.

15/99

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