Me quedé sin fuego y vuela la ceniza
que ciega mis ojos ya sin panorama
porque el mundo es simplemente una llovizna
y mi vida son las gotas derramadas.
Los que siguen mi verdad están tan lejos
y mi antónimo sentir está presente,
y los días de dolor están intactos
y en mitosis reproducen sus corrientes.
Esta desesperación de estar sin vida,
de vivir y respirar sin una meta.
Ir como animal errante en el sendero
de la estupidez constante del planeta.
Como amortajada ando cada luna,
como absurda concepción de lo ignorado;
esa que por respirar se vuelve idiota
para conectar su hoy con su pasado.
Mientras llueve torrencial en mi ventana
y comprendo que el amor es un mierdero;
se me apaga el faro de mi playa aislada
con veleros que no llegan a mi puerto.
Quien ha dicho que el cielo siempre es azul,
tal vez es porque no ha visto arreboles;
los crepúsculos que despiden al sol
cuando viene aquí a llorar por sus amores.
Tú ordenaste tu partida en compañía
oscilando entre tu mar y tu morada.
Y estás cerca y estás lejos sin sentido
porque para ti es cercana la distancia.
Sin cenizas y sin fuego me dejaste,
en lo abrupto de la nueva que temía.
Volverás, pero en un tiempo sin camino
cuando ahuyente de mi cuerpo toda vida.
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