Amé hasta el punto de la idolatría,
amé y di mi alma como ofrenda.
Amé sin padres nuestros, ni homilías,
amé bajo el altar de la tristeza.
Amé hasta que mi mente fue una secta.
Amé hasta que mi agua se hizo vino.
Amé con un rosario de miseria,
amé sin confesar que todo arruino.
Amé sin un milagro, sin un arca;
amé sin esperar al tercer día;
amé como nací, ensangrentada,
sin ropa, sin conciencia, por herida.
34/17
Casa