Junto a este silencio, en este anochecer,
con toda tu ausencia y mirando a la luna;
entre los pasillos de tu cruel desdén
me va desgastando una inmensa locura.
La locura llena de melancolía,
que me trae tu nombre, mas no tu presencia.
Tu mirada gris que así me carcomía,
que me quema viva y deja mi alma tiesa.
La misma vereda, el mismo amanecer,
la misma llovizna, igual la concurrencia,
las mismas pisadas, huellas que dejé;
a la misma hora, la misma tristeza.
Y le grito al cielo con un gran afán
a ver si se apiada de esta luna rota,
que se fue menguando con la oscuridad
de unas manos frías sobre mi cintura.
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