La vida se deshoja con el paso de los años
y al ver que su fragancia queda escasa en nuestro frasco,
se apagan las antorchas que se mojan con el llanto
que derraman la cascada de unos ojos agravados.
Todo nace y todo muere porque nada es permanente,
cada quien es solo un nómada en un mundo reticente.
Dibujamos las siluetas cotidianas del presente,
conservando las memorias de un pasado sobre el puente.
Quienes llegan, quienes parten,
quienes lloran, quienes ríen.
Los que en voz alta relatan sus amores imposibles.
Quien destruye, quien construye las memorias indecibles,
todos esos que han partido a ver los días que se extinguen.
La vida es un alivio temporero de la muerte,
una caja musical sin su princesa de juguete;
como un plazo a tiempo medio en el que pagas lo que debes,
es un monumento hidalgo que los días enmohecen.
Cada ruta tiene inviernos, veranos y primaveras.
Cada espacio tiene un algo que en su inmensidad lo llena.
Cada cual tiene motivos para estar en esta tierra.
Cada cual lleva su cruz, su hiel, su espada y su condena.
En la vida hay una mano que recoge tus fracasos,
con la otra acaricias los recuerdos enrubiados.
Es novela que comienza desde un vientre agudizado
y concluye si la luz de nuestra vela se ha apagado.
14/97
Dentista