Me quedé escribiendo esquelas en el mar
y dejé escapar mi rosa de los vientos.
Solo tengo una cajita de cristal
y un tifón que me va ahogando desde adentro.
Aprendí a caminar en torno al sol
y a crear sueños borrosos en la arena.
Pero al ver que el rompeolas se esfumó,
descubrí que sin amor todo se quiebra.
Y mi alma que es aire de barlovento;
de cirros, de cúmulos y estratos;
de barcos veleros calmados
en un huracán apianado.
Se ha perdido lo que tengo por la borda
y ahora soy un náufrago en la piel del mar,
en un mar que hunde a besos, ola a ola,
una orilla que no puede más luchar.
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